19 mayo 2019 ~ 0 Comentarios

[LOLO | 106] LOLO: SU VIDA Y SUS GOLES (Capítulo 16)

EL ULTIMO MATCH

En 1949 Lolo Fernández se vuelve a internar en el Hospital Dos de Mayo para pagar otro tributo al fútbol. Comulga y lo vuelven a operar. El doctor Gastañeta le elimina el menisco de la rodilla izquierda. Lolo siempre tuvo fe ciega en el famoso facultativo ya fallecido. El doctor Gastañeta afirmaba que pocas veces había visto músculos y huesos más fuertes que los de Lolo. “De aquella afirmación –escribió hace años Jorge Donaire- nadie podía dar mejor certificado que el propio hijo del Dr. Gastañeta, quien años atrás -1930- siendo guardavalIa de la “U” sufrió la rotura de un dedo de la mano, cuando en un vano intento trató de interceptar el taponazo con que un muchacho de 18 años, cañetano y hermano de Arturo, quería probar que también podía jugar en primera”.

En 1949 contribuye a que “Universitario” conquiste un nuevo campeonato. Sin embargo no faltan dificultades en su camino. Se le ha prometido una casa, pero mientras tanto debe seguir viviendo en un modesto departamento de la calle Bolognesi. Le crean un malestar en la Municipalidad, donde trabaja desde 1936, y debe pasar a laborar en la Aduana del Callao.

El 20 de Julio de 1952 el “Universitario” premia al mejor jugador de toda su historia. Inaugura su estadio con el nombre de “LoIo Fernández”. Se da el caso curioso, seguramente único en el mundo, que ese día juega el homenajeado y, para no perder la costumbre, marca un gol en la valla del club “Universidad de Chile”.

En octubre de ese mismo año, se inaugura el nuevo Estadio Nacional. Agigantado en un estirón de cemento y enjoyado con dos diademas de 216 brillantes reflectores. La parte más emotiva de la ceremonia se produce cuando el Presidente de la República coloca la condecoración “Laurel Deportivo” de segunda en el pecho del cañonero. El publico lo condecora con una ovación de primera.

1953, Bernardo Ortiz de Zevallos llama al veterano para que desde las columnas de “Última Hora” comunique algo de su Experiencia a la juventud. Como está ocurriendo ya desde hace varios años surgen, cada vez más insistentes, las voces.de quienes, irrespetuosamente, le dicen al crack que se vaya del fútbol. Incluso entre sus amigos se va multiplicando la pregunta: “¿cuándo te retiras?”, “¿cuándo te retiras?”, “¿cuándo te retiras?’.

Un día se decide a contestar: “Seguramente este es el último año que juegue oficialmente. Serán unos cuantos partidos más. No podía ser de otra manera. Tantos años jugando empiezan a sentirse las canas y los golpes recibidos, Soy el primero en sentir pena al hablar de mi retiro. No porque quiera eternizarme en el deporte, sino, porque he querido mucho al fútbol y a mi club, el “Universitario”. Duele que deba negar la hora del adiós, pero, no queda otro remedio”. Para desmentir a quienes insinuaban el interés económico como factor de la permanencia en el fútbol. Lolo les responde:

“Yo no vine al deporte por plata, ni pienso quedarme en el fútbol por plata. Cuando yo empecé a jugar no se hablaba de dinero. La Directiva de club ha tenido la enorme gentileza de señalarme un sueldo vitalicio. Quiere decir esto, que, seguiré gozando de esta ayuda aunque me retire. Es la mejor prueba de que no juego por interés. Más cómodo hubiera sido para mí retirarme en cuanto me señalaron esa pensión”.

Aseguraba finalmente:

“Este año me verán por última vez como jugador porque yo mismo comprendo que ha llegado la hora de irme”.

Y cumplió su palabra…

“Universitario” entrenaba para un nuevo clásico frente a su tradicional adversario de La Victoria. Había dudas sobre la alineación de la ofensiva crema. Cuesta Silva, el entrenador, prefería la juventud de Manuel Arce. Nadie se atrevía a contradecirle. Salvo, los únicos argumentos que esgrimió siempre Lolo con irrebatible elocuencia: los goles. En el último partido de práctica Lolo marcó dos goles. Esto creó en el Club un ambiente favorable a que jugaba ese domingo. Los opositores contraatacaron con sus gastadas razones. Lolo, decía el viernes a “Ultima Hora”:

“No sé si volveré a jugar. Si así fuera, saldré con el entusiasmo de hace veinte años. Aunque las piernas no sean las mismas, el corazón sigue igual”.

“La Tercera” pedía la inclusión del cañonero. Muchos se oponían. El sábado, Lolo en la tranquilidad de su hogar giraba el dial de su radiorreceptor. Lo detuvo en un espacio deportivo. El comentarista, con un tono de seguridad absoluta, afirmaba: “Lolo no podría aguantar ros noventa minutos de juego”. Se hacían otras consideraciones, una de ellas, la gran calidad de Guilllermo Delgado, back aliancista que tendría a su cargo la marcación del centro forward crema. Como si se presintiera la importancia de aquel partido, se entabló una encendida polémica que no se limitó a las páginas deportivas de los diarios ni a los espacios radiales futbolísticos. La discusión se multiplicó en esquinas, cafetines, mercados y colegios. Lolo se refugió en la intimidad de su hogar; en el cariño de su esposa, de sus hijos, Lolito y Elvira; en los mimos de su juguetona y espumante “Mota”, una perrita que parecía un retazo de los blancos algodonales cañetanos.

Tanto se habló del asunto que Lolo creyó más oportuno aceptar la invitación que le habían hecho a él y a sus hermanos Arturo y Lolín para jugar en Hualcará. Celebraba la hacienda la fiesta de Santa Rosa de Lima. En la mañana del domingo, cuando Arturo y Lolín pasaron a recogerlo en el auto que los llevaría a Cañete, se Encontraron con la novedad que la directiva de “Universitario” había acordado que jugara Lolo. Se fueron a una iglesia los tres hermanos. Arturo y Lolín acordaron quedarse para ver jugar a su hermano.

Le tocó jugar a Lolo, este difícil partido, en un estadio repleto dividido en el antiguo pasionismo de íntimos y cremas. Cuando salió el veterano en la columna crema, no faltó la quemante ironía de que la inclusión de Lolo era un handicap que daba Universitario” al “Alianza”. El árbitro Mackenna inició el partido y a los pocos minutos se escuchaban algunas sonrisas burlonas al fallar Lolo un taquito.

Parecía que tenían razón sus detractores, en aquellos minutos iniciales. Sin embargo, fue reencontrándose el piloto crema y empezó a dirigir su línea con ese tecnicismo que afloró en sus últimas temporadas. Sobre los 27 minutos del primer tiempo, Gutiérrez le hizo un pase adelantado, Lolo, con suavidad, lo colocó en el ángulo que no podía alcanzar Heracio Paredes.

Recién iniciado el segundo tiempo, Terry le baja de cabeza una pelota y Lolo vuelve, no a cañonear furiosamente como en sus años mozos, sino a colocar la pelota sin violencias en el ángulo imposible. El estadio entero, unificadas las banderas de clubes en su admiración por Lolo, se estremeció de emoción con estos dos goles. El hombre del que muchos habían dicho, “sólo podía jugar sobre una silla de ruedas”, les tenía reservada otra gran emoción. Faltan cinco minutos para que termine el encuentro. Osorio, puntero derecho crema, corre por su ala, burla a Lobatón, Heredia y Delgado, levanta la cabeza y ve que Lolo está entrando a la carrera, le pasa la pelota rasante y el viejo forward despide un cañonazo, el último de su vida, que deja a Paredes tirado en el grass. Ganó la “U” por cuatro a dos.

El Estadio entero, a la finalización del encuentro, desató una tempestad inacabable de aplausos. Lolo en el fondo de su alma recordaba que en un día como éste, 30 de Agosto, treinta años atrás, allá en su querida Hualcará había colocado el primer gol de su vida, luego en 1930, en este mismo significativo día de Santa Rosa, había marcado su primer gol internacional en la valla del “Magallanes” de Chile.

La fecha no lo había abandonado, ahora, cuando camino a los 41 años había vuelto a la cancha para servir a su “U”. Desafiando a muchos y arriesgando generosamente su prestigio. Colocándose al borde mismo del abismo para que; a la menor falta, sus detractores le dieran el empujón definitivo. Con el milagro de su corazón y de su clase había salido victorioso en la dura prueba. Otra vez había sido el gran señor de la cancha. Conductor cerebral y efectivo artillero. Caballero del grass que no pierde su prestancia ni en los momentos más tensos de la lucha. En ese mismo partido, Lolo había tenido un gesto que valía tanto, o más, que cualquiera de sus goles: el match está empatado y se lucha con ardor, avanza la delantera crema pero Lolo se detiene, se olvida del juego y retrocede, va en ayuda de un jugador’ adversario. Goyeneche que ha caído lesionado …

Así, con tres patadas rotundas, oportunas y memorables y un bello gesto, Lolo Fernández puso punto final a su carrera de gloria.

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