18 mayo 2019 ~ 0 Comentarios

[LOLO | 106] LOLO: SU VIDA Y SUS GOLES (Capítulo 15)

EL ULTIMO SUDAMERICANO

En 1947 Lolo Fernández concurre por última vez a un Campeonato Sudamericano. No es un momento feliz de su carrera deportiva. Ese año, su club se había debatido angustiosamente en el último lugar de la tabla, compartiendo el último lugar con el Tabaco. Era muy meritorio que a pesar de esa ubicación que le correspondió a su cuadro, él fuera llamado otra vez para vestir la casaquilla de la banda roja. En Guayaquil sólo jugó dos partidos, sin embargo, una popularidad que ni él mismo sospechaba lo convirtió en el más aplaudido de los jugadores peruanos.

Sólo fue llamado como titular en los partidos que se jugaron contra Ecuador y Paraguay. Los dos se empataron; pero Lolo no marcó ningún tanto. Era la primera vez que le ocurría esto en un campeonato. Decididamente era la última vez que integraría una Selección Nacional. Había tenido ese honor en nueve oportunidades: sudamericanos de 1935, 1939, 1941, 1942 y 1947; Juegos Bolivarianos de 1933; Olimpíadas de Berlín y Copa “Roque Sáenz Peña” de 1940 con Argentina. En estos torneos había señalado un total de 25 goles, 19 shots y 6 de cabeza. El goleador de todas las tardes, el artillero, que según una estadística del periodista Lolo Carrera, tenía hasta 1940 un promedio de 45 goles por año, no marcaba ningún gol en el Sudamericano de Guayaquil. Lolo mismo decidió que esa vez era la última en que defendía la divisa que tanto amaba.

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En los años siguientes siguió fiel a su club compartiendo sus horarios entre su trabajo, su hogar y su querida “U”. Sufrió luego un gran dolor: la muerte de su padre. Falleció don Tomás Fernández, él que escondía los zapatos de su hijo para que no jugara tanto fútbol; el mismo que, después, se ubicaba, puntualmente en un extremo de la Primera Norte, del viejo estadio, cada vez que jugaba su buen Lolo.

Otra prueba difícil a principios de 1949, La revista “¡Ya!” daba la noticia En un recuadro orlado de negro:

“Ha ocurrido un suceso más en la vida de Lolo. Un doloroso suceso que traspasa los límites de esta biografía y nos obliga a escribir un punto aparte. La madre de Lolo ha muerto. Para ella no habrá más angustia los días en que sus hijos vuelvan a partir para el estadio. Y sus hijos tampoco la podrán haber besado en silencio -como solían hacerla antes- porque ellos estaban muy lejos, Teodoro en Lima, Arturo en Río de Janeiro, Eduardo en Buenos Aires. La amarga geografía del infortunio los habrá reunido El día de la muerte en la exacta capital de su dolor”.

“Raimunda viuda de Fernández, madre de tres grandes del fútbol peruano, ha partido, Dios, ahora, la “conservará bien”. Para siempre. Sin angustias, ya, definitivamente, porque en el cielo los ángeles no suelen jugar al fútbol. Paz para ella y un abrazo para ellos. Nada más”.

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